Ángeles González-Sinde

Ángeles González-Sinde

Madrid , 1965

Ángeles González-Sinde es escritora y guionista. Ha escrito más de quince largometrajes y muchas horas de ficción 
televisiva. Estudió Filología Clásica en la Universidad Complutense, aprendió escritura cinematográfica en distintas universidades españolas y culminó su formación cinematográfica en el American Film Institute de Los Ángeles con una beca Fullbright.

Ha sido presidenta de la Asociación de Guionistas, presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España y Ministra de Cultura del Gobierno de España del 2009 al 2011.

Bibliografía

Novela

Finalista Premio Planeta 2013

A sus 37 años Vicente sigue compartiendo vida y negocio con su madre. Quiere que todo cambie, pero no sabe como hacerlo. ¿Quien te enseña lo que no sabes? ¿Donde se aprende a vivir mejor? A pesar de ser un tipo al que todos aprecian, tiene un importante talon de Aquiles: su indecision y su afan por complacer a todos, lo que le lleva a enmarañarse en relaciones afectivas confusas. Un accidente domestico deja a su progenitora impedida temporalmente, momento que Vicente aprovecha para revolucionar su vida de la manera menos inteligente posible: enamorandose de Corina, la asistenta, cuya personalidad no es tan clara como parece.

Narrativa juvenil / infantil

Con ilustraciones de Laura Kramburg.

A Maya Papaya le parece bien cambiarse de casa. Lo que no le gusta es despedirse de las cosas. Su casa está patas arriba y sus padres trasladan cajas al pasillo. Pero Maya no sabe cómo decirles que no quiere desprenderse de su bruja de pelo enredado, ni del robot sin un brazo, ni de los lápices sin punta…

Con ilustraciones de Laura Kramburg.

El padre de Maya Papaya siempre le lee cuentos a la hora de acostarse. Pero cuando termina, apaga la luz y entonces… Maya no se queda tranquila. Una no sabe lo que puede encontrarse debajo de la cama por la noche. 

Con ilustraciones de Laura Kramburg. 

Cuando a Maya Papaya no le dejan hacer lo que quiere, a veces se enfada mucho. Y le grita a su madre cosas feas, tan feas que un día su madre le dice: «Visto que tu mamá no es como a ti te gustaría, ¿quieres cambiar de madre, Maya?». ¿Qué contestará Maya?

 

 

Con ilustraciones de Laura Kramburg.

A Maya Papaya le encanta disfrazarse… Y ha descubierto que las palabras, como los niños, también se disfrazan. Y cuando se disfrazan, cambian las letras…

Con ilustraciones de Laura Kramburg.

Todos los niños desean que sus padres no se enfaden ni manden. Pero solo Maya Papaya ha conseguido que su deseo se cumpla. Su madre ya no la riñe, ni la manda y, sobre todo, no se enfanda. Sin embargo, algo falla…

Con ilustraciones de Laura Kramburg.

A veces, en la vida de Maya ocurren cosas inesperadas. Hoy, en el jardín, ha aparecido un pequeño pajarito que no se mueve. ¿Qué ha pasado? Maya quiere entenderlo, pero necesita que alguien la lleve hasta las respuestas…

La tarde en que a la madre de Rosanda la echaron del trabajo porque su empresa cerraba por culpa de la crisis, ella encontró algo extraño, olvidado en un viejo cactus. Se trataba de un pequeño hombrecito de nieve, un adorno del árbol de Navidad que se había quedado extraviado. ¿O no había sido una casualidad?

Al cerrar el supermercado, Rosanda se ha quedado dentro. Su padre se había olvidado de ella. Así, como se olvida uno un paraguas en un bar, su padre había olvidado una niña en un supermercado. Y por increíble que parezca, allí se había escondido también un ángel llamado Albricias. Tenía un ala herida y no podía regresar al cielo…

El padre de Rosanda, en una de sus misiones como médico, desapareció hace ya mucho tiempo en un accidente de coche en Bolivia. Muchos piensan que murió, incluso la mamá de Rosanda, pero ella no. Así que madre e hija comienzan una gran aventura, con muchos sustos a veces, como cuando casi se las merienda un cocodrilo, y muchas risas y alegrías también. 

Premio Edebé de Literatura Infantil 2006 

Rosanda se había fijado muy bien en el calendario que mamá tenía colgado con imanes en la nevera. Quedaban pocos cuadraditos para que llegaran los Reyes, o sea, que no había tiempo que perder. Los Reyes vivían muy muy lejos; recibían cartas de cientos, miles; millones de niños, pero su carta era requetenecesaria y tenían que leerla cuanto antes. 

Premios

2006 - Premio Edebé de Literatura Infantil por Rosanda y el arte de birli birloque.

2013 - Finalista Premio Planeta por El buen hijo.