Barcelona, España , 1944

Doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona, fue catedrático de Estética en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Cataluña. Anteriormente, había impartido clases en la Facultad de Filosofía de Zorroaga (San Sebastián), y entre 1993 y 1995 dirigió el Instituto Cervantes de París.  De Azúa fue uno de los integrantes de la antología Nueve novísimos poetas españoles (1970), de José María Castellet. Colaborador habitual en prensa, principalmente en el diario El País, por uno de los artículos publicados en este periódico en 2011, «Contra Jeremías», obtuvo el Premio González-Ruano de Periodismo. Su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015 fue elegido académico de la RAE para ocupar la vacante dejada por el filólogo Martín de Riquer. Reside en Madrid desde 2011. 

  • “Hay “un tono Azúa”, como hay un “tono Baroja” o un “tono Pla” o, por venirnos a lo de ahora, un “tono Savater” o un “tono Ferlosio”. Con todos estos escritores tiene que ver Azúa, por lo mismo que todos ellos tienen entre sí algo en común. En primer lugar son escritores que piensan críticamente, o sea que piensan donde otros pasan de largo, o por decirlo con palabras de don Pedro Mourlane, gentes que se dedican en buena medida al arriesgado “arte de repensar los lugares comunes”.” Andrés Trapiello 

Bibliografía

Novedad

Félix de Azúa rescata en Nuevas lecturas compulsivas la pasión por los libros que han marcado su vida, un recorrido emocional  que constituye su segunda biografía, la de papel, de uno de los escritores más originales, brillantes y cosmopolitas de la literatura española.

"Hay delirios que sólo pueden tener lugar en una biblioteca." Félix de Azúa

Novela

Que nuestras vidas son libres y que nuestras acciones son el resultado de nuestra santa voluntad es una creencia que apenas tiene dos siglos. Durante miles de años, a nadie se le ocurrió que nosotros decidiéramos libremente sobre nuestros actos: lo que nos sucedía, bueno o malo, era fruto del capricho de los dioses y de la despiadada naturaleza. En esta novela se cuentan dos historias con un secreto corazón compartido. En sus páginas se relata una historia perfectamente convencional, la de las tribulaciones de la viuda Mariló en la Venezuela de los cincuenta, y al mismo tiempo se narra la historia mítica de nuestros orígenes y nuestro destino, del destino de los humanos, de los mortales.

Azúa presenta en esta novela una posible tercera parte de sus falsas «autobiografías», aunque deja al lector la opción de no leer más que una novela como cualquier otra. La historia de Mariló, de su hija Verónica, de Álvaro, su sobrino vasco, y del mafioso venezolano Alvise, que la pretende, est á íntimamente ligada al Génesis bíblico, seguramente como todas nuestras vidas, aunque no lo sepamos. Como en el Génesis, hay en esta novela una pareja, un crimen, una culpabilidad y una huida que Azúa nos brinda con su lucidez y su ironía habituales.

«Ha sido la historia de mi nacimiento, mi Génesis particular, porque todas las vidas se adaptan al texto sagrado, lo sepamos o no. Es también la historia de mi culpa, esa culpa original que llevamos en la sangre y que nos obliga a hacer todo lo malo que hacemos...»
Félix de Azúa

La vida del artista incipiente es un clásico de la novela moderna: suele nacer en un país gris, en un tiempo gris, y corre el riesgo de ser un artista gris. A menos que el arte mismo decida ser gris, porque entonces es un precursor. Tres generaciones comparten esta narración, los artistas incipientes, sus hermanos mayores y los padres vencedores o vencidos en una guerra que no se acaba nunca. La trama, movida por abundantes personajes, se ordena como los cuadros de una exposición. Pero el asunto de la novela no es ni el arte, ni la guerra, ni las generaciones ni las semblanzas. Su asunto es la decisión, la capacidad para tomar decisiones. En todo tiempo y lugar. Incluso en los más grises.

El tema de este libro es clásico: una herencia. Los protagonistas son un Gran Resistente, un Héroe Popular, La Muchacha y un chico que hace demasiadas preguntas. El principal problema de todos ellos es conservar la dignidad. La peripecia tiene lugar durante el traspaso de poderes entre posfranquistas y neodemócratas en el Madrid de 1980, y el relato oscila entre la tragedia y la comedia. Al final, no se puede decir que nadie salga ganando en esta tragicomedia poblada por catedráticos, novelistas, policías, jueces, e incluso ministros y herederos en busca de la dignidad... y de la herencia.

La acción transcurre en los años treinta. El escenario es el País Vasco, y el protagonista, un personaje de la burguesía que se debate entre una serie de traiciones mientras lucha por su obsesión: conseguir un avión con que bombardear en solitario al enemigo. Con un estilo cuidado al máximo, Félix de Azúa hace avanzar la novela hasta un final en el que todos los elementos encajan a la perfección.

El hombre humillado añora rabiosamente cierto mundo perdido donde, en lugar de pensar, solo se vivía. Rodeado por una detestable banalidad de orden zoológico, comprende que la suya ha de ser una banalidad asumida, militante, guerrera, y a esa tarea dedica sus bastante mermadas fuerzas. Instalado en la soledad, explorador de su ciudad (en la que vive como un marciano), el hombre humillado pretende alcanzar la dignidad de perfecto insignificante. Con ese fin, se codea con el hampa, trabaja para un matemático mafioso, se asfixia en litros de Calisay y acaba buscando un final súbito que interrumpa su Camino de Perfección.

El protagonista es un idiota de la segunda mitad del siglo XX. Víctima de la insensatez zoológica de la segunda posguerra europea, se empeña en una afanosa y monotemática investigación de la felicidad que lo conduce inexorablemente al desastre. El libro no puede evitar la idiotez del lector, pero ayuda a prevenirla. Por otra parte, está escrito de un modo tan raro que da prestigio a quien lo lee. Y ya se sabe que el prestigio es uno de los más eficaces encubridores de la idiotez.

Relata las penalidades que rodearon una posible cruzada de catalanes a Tierra Santa en el siglo XIII. Algo de las ilusiones y decepciones de la generación del autor se atisba irónicamente en aquellos cruzados, a los que trata con simpatía y distancia. Algo de aquella terquedad, todavía presente en ciertos fósiles del 68, y algo también de aquella mística. La curiosa mezcla de ingenuidad, exquisitez y brutalidad, tan propia de las crónicas medievales, toma una imprevisible segunda vida.

Esta es una historia protagonizada por un tonto. Ese tonto tiene un problema. El objetivo de la novela es, justamente, la resolución del problema del tonto.

Atrevida y sugerente, moderna y heterodoxa, la narración recaba la participación del lector, a quien tienta con una sucesión de guiños para que hilvane su propio relato a partir de las pistas proporcionadas por el autor.

Relatos

Quizá la faceta más desconocida de Félix de Azúa como escritor sea la de los relatos breves, que aquí por primera vez se estudian de forma monográfica, con el aliciente de reunir en un mismo volumen un total de dieciocho relatos, varios inéditos hasta ahora. La necesidad de crear un sentido ante el vacío y la muerte, la aceptación del destino o el peso de la herencia se dan cita en esta excelente colección, no exenta de la ironía y el magnífico estilo que han situado a Azúa como uno de los mejores escritores españoles de nuestros días.

El volumen recopila tres historias breves de tres narradores que, en aquel momento, “apuntaban maneras”: Félix de Azúa, Javier Marías y Vicente Molina Foix.

Narrativa juvenil / infantil

Un niño es adoptado por unos ancianos, guardianes del Jardín Zoológico de la ciudad. La soledad en la que pasa parte de su tiempo lo lleva a aprender el lenguaje de los animales, lo que se revelará en la trama como algo absolutamente necesario cuando el niño caiga rendidamente enamorado de una niña que visita el zoo un día.

 

 

Poesía

Reúne la obra poética completa de Félix de Azúa. A títulos míticos como Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Lengua de cal o Farra, apenas reeditados, se añaden composiciones inéditas. El prólogo de Pere Gimferrer señala que “dos cosas, en esta poesía, deben retener nuestra atención: la belleza y la ironía. Por medios oblicuos, impensados y hasta abruptos, se suscita aquí belleza en la palabra, en la imagen y en el discurso; muy a menudo coexiste con ella y contribuye a ella la ironía, frecuentemente muy sutil, que es una forma de introducir una tercera dimensión, una perspectiva espejeante en el especio textual de la página.”

No ficción

Félix de Azúa rescata en Nuevas lecturas compulsivas la pasión por los libros que han marcado su vida, un recorrido emocional  que constituye su segunda biografía, la de papel, de uno de los escritores más originales, brillantes y cosmopolitas de la literatura española.

Los poemas de Hölderlin, Byron, Eliot o Gimferrer; las novelas de Cervantes, Víctor Hugo, Henry James o Eugenia Ginzburg; los ensayos de Montaigne, Orwell, Steiner o Sánchez Ferlosio, entre otros, transcurren en paralelo con las vivencias del autor, en un viaje cargado de ironía y deslumbramiento.  El repaso a los grandes escritores que han construido la memoria colectiva de Occidente alerta sobre la incertidumbre de un tiempo, el presente,  que abandona el reposo de la lectura fascinado por la vacuidad de Internet.

En Nuevas lecturas compulsivas Félix de Azúa busca la complicidad con el lector y le contagia su entusiasmo. Porque nunca hay que dar por perdida la batalla de la lectura.

"Hay delirios que sólo pueden tener lugar en una biblioteca." Félix de Azúa

 

Por fin, Félix de Azúa - Reseña de Jordi Gracia, Babelia - El País, 04/03/17

Una antología de los mejores ensayos de Félix de Azúa sobre cuestiones políticas y sociales.

A lo largo de estos artículos, escritos entre 2007 y 2012, Félix de Azúa, con la lucidez, el valor y el sentido del humor que le caracterizan, analiza el nacimiento y el desarrollo de la crisis que está cambiando traumáticamente la política en todo el mundo. Los nacionalismos, la evolución de la izquierda, la herencia del siglo XX, la corrupción, la justicia, las mutaciones de la democracia o las convulsiones de Europa son algunos de los asuntos que se abordan en estas páginas iluminadoras, contundentes, una invitación a pensar nuestro presente sin los anteojos de las ideas recibidas.

 

«Eso es, para mí, la política en su sentido más honesto: lo que cada cual lleva a cabo desde su responsabilidad, con imaginación e iniciativa, para impedir los atropellos del poder.» Félix de Azúa

Como complemento a su libro Autobiografía sin vida, en Autobiografía de papel Félix de Azúa repasa su experiencia como escritor a través de los géneros literarios que ha cultivado. Tras varias décadas de intensa dedicación al oficio de la literatura, Azúa vuelve la mirada a las ruinas del siglo pasado para narrar su experiencia a través de los géneros; una peculiar autobiografía donde no importa tanto el sujeto como el caso.

Recorrido por la forma en que la vida se ha plasmado en imágenes a lo largo de la historia. El tema central del libro es el acabamiento del Arte. Pero no solo el tiempo del Arte ha terminado, parece decir Azúa, sino que el tiempo del Arte –que coincidiría en sus últimos y monumentales dos o tres siglos, entre aterradores paréntesis, con la Ilustración, la burguesía y la democracia– fue su tiempo y, por eso, algo del autor también acaba.

Descartes encarna la instauración de un mundo que abandona el terreno de la magia para ingresar en el pensamiento científico. Cervantes simboliza el abandono poético de las novelas de caballerías para acceder a la sensatez de una realidad prosaica. Le Brun, por fin, representa el abandono de la representación pictórica basada en la fisiología mágica o en las señales “naturales” de la física de los humores para dar paso a una representación “científica” de las pasiones humanas. Las reinas de Persia fue una pintura y también un ambicioso manifiesto ideológico, un alegato filosófico, científico y artístico.

Por méritos propios, los jóvenes antifranquistas accedieron en su día a la responsabilidad de ocupar ministerios y museos, cátedras y redacciones de periódicos. Pero tendieron a creer que su formación ideológica los eximía de cualquier error. Más aún, que sus actos estaban revestidos de una armadura moral e histórica que convertía en “fachas” a quienes discreparan de su gestión.

Esta es una época gregaria donde lo singular está mal visto. Así lo cree Félix de Azúa, y lo argumenta con la inteligencia y la agudeza que lo caracterizan. Como suele ocurrir con él, no se sabe qué causa más admiración, su lucidez o el estilo. Por un lado, los textos funcionan como auténticos poemas en prosa. Por otro, aporta fogonazos que iluminan cómo somos, dónde vivimos, qué nuevos horrores trae consigo nuestra era, y todo desde un ángulo inesperado.

El libro incluye cinco ensayos sobre iconos lingüísticos o pictóricos tan conocidos como la Torre de Babel, Adán y Eva, la diosa Venus o la Olimpia Moderna, y sus diferentes significados a lo largo de la historia. De Azúa analiza las fallas de nuestra supuesta “comprensión inmediata” de la realidad y muestra nuestros prejuicios, nuestras ideas adquiridas (la ignorancia de lo que ignoramos).

Bajo la apariencia de un diccionario, el autor ha escrito una introducción al problema general de las artes en la actualidad, haciendo hincapié en la muerte del Arte y en las paradojas de la modernidad.

Según el escritor y columnista, no existe una ciudad parecida a otra. Las ciudades crecen como auténticas obras de arte y son creaciones humanas hechas con audacia (“Salvo las construidas por canallas, como las ciudades dormitorio.”). El autor habla de algunas ciudades españolas, como Sevilla, adonde “hay que ir cada tres meses”.

El autor de los artículos recogidos en este libro lleva veinte años animando a la lectura mediante el único método eficaz conocido: transmitiendo su propio entusiasmo por libros y autores. Azúa ha reunido una nutrida galería de alabanzas literarias en este libro. Comparecen entre otros, Stendhal y Flaubert, Henry James y Faulkner, Beckett y Cioran, Novalis y Rimbaud (y también los Novísimos). Dedica especial atención a Kafka, Rafael Sánchez Ferlosio y Juan Benet. Edición de Ana Dexeus.

El poeta francés Charles Baudelaire (1821-1867) tuvo una profunda influencia en la generación de poetas del siglo XIX, aunque sus ensayos críticos también tuvieron mucho interés. Fue llamado el padre del criticismo moderno, pues argumentaba en favor de la artificialidad, estableciendo que la virtud es artificial porque para ser bueno se deben reprimir los impulsos naturales.

Félix de Azúa traza un mordaz retrato de la Venecia del siglo XVIII. Pero el autor no nos incordia con fechas ni con genealogías, sino que dedica todo su esfuerzo a representar la vida cotidiana en aquella ciudad única, que el mundo contempló con la mezcla de fascinación y morbo con que se observan los monstruos.

Este un libro de ensayos publicados entre 1981 y 1988 en diferentes diarios españoles, cuyo tema central es el arte. Para Félix de Azúa, este siempre tiene algo nuevo que decirnos, y también algo que ocultar. Los textos fueron rescatados de publicaciones a las que el autor ya no se imaginaba regresar, pues las había sepultado en su memoria, como quien espera no volver a su tierra natal.

Cuando se lee la palabra “salvaje”, se piensa en Rousseau o en aquellos cuadros de Gauguin que retrataban tipos tranquilos en paisajes no industrializados. No se piensa en Denis Diderot. El libro desgrana diversos aspectos de este pensador ilustrado hasta decir que, como él, “el primitivismo” señala un nuevo tipo de artista y un nuevo tipo de arte. Lo que Diderot hace, según Azúa, es explicar aquello que el artista nos ofrece. Podemos saber si la obra es buena o mala observando qué criterios ha manejado el artista para “traducirnos” la naturaleza.

Obra periodística

Félix de Azúa ha logrado rebatir con contundencia que la escritura periodística sea efímera. Sus artículos y ensayos breves se caracterizan por una profunda capacidad de análisis, una lucidez implacable, y un enorme sentido del humor y de la ironía. Con claridad meridiana, De Azúa pone en evidencia las falacias que envuelven asuntos tan diversos como los nacionalismos, la música contemporánea, el mundo convertido en espectáculo de masas, la educación actual o el arte.

Salidas de tono recoge cincuenta artículos publicados por Félix de Azúa entre 1981 y 1995, durante los trece años del primer periodo de gobiernos socialistas desde la transición. El abanico de temas es muy amplio: desde el amor hasta el viaje, pasando por la ópera, la democracia, el trabajador, la patria y el nacionalismo.

Otros géneros

Féliz de Azúa es el autor del prólogo del volumen, en el que aproxima a la trayectoria de Unamuno y al contexto social de la obra.

Ha traducido del francés obras como Residua, de Samuel Beckett (Ed. Tusquets, 1981); Sin / El despoblador, de Samuel Beckett (Ed. Tusquets, 1984); Primer amor, de Samuel Beckett (Ed. Tusquets, 1984); Relatos, de Samuel Beckett (Ed. Tusquets, 1984); Jacques el fatalista, de Denis Diderot (Ed. Alfaguara, 2004); o La religiosa / El sobrino de Rameau, de Denis Diderot (Ed. Edigrabel).

Premios

  • 2016 - Miembro de la Real Academia Española, para ocupar la silla ‘H' 
  • 2015 - Premio Francisco Cerecedo, de la Asociación de Periodistas Europeos
  • 2014 - Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald por Autobiografía de papel
  • 2011 - Premio González-Ruano de Periodismo por Contra Jeremías
  • 2001 - VII Premio a la Tolerancia, concedido por la Asociación por la Tolerancia de Barcelona
  • 2000 - Premio Internazionale Sebetia-Ter. Cultura: Arte e Letteratura. Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli Sebetia-Ter
  • 1987 - V Premio Herralde de Novela por Diario de un hombre humillado